Consejos generales para el manejo de cerdas primerizas

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Para cualquier granja, las cerdas primerizas son determinantes para su buen desempeño y éxito futuro, por lo que su cuidado y manejo adecuado es de suma importancia para alcanzar los resultados esperados.

A través de investigaciones realizadas en las últimas décadas se ha comprobado que las granjas que tienen un mayor porcentaje de cerdas en su pico de reproducción, tienen un desarrollo más eficiente.

Esto se debe a que el manejo adecuado de una cerda joven y primípara aumenta la cantidad de lechones nacidos vivos durante el primer parto y ayuda al desempeño exitoso en los siguientes partos (incluso hasta el quinto parto) durante la vida de la cerda, y además mejora la posibilidades de buen crecimiento de sus crías.

Por esta razón, preparar a las futuras reproductoras para el apareamiento es fundamental para que su capacidad de reproducción sea más duradera y productiva.

En los últimos años los estudios al respecto han arrojado que uno de los mayores inconvenientes para una buena productividad en las granjas se debe a las fallas en el manejo y la preparación de las cerdas primíparas, lo que deja como consecuencia que estas no alcancen un tercer o segundo parto.

Toda finca deberá tener un promedio de 10 por ciento de hembras primerizas en su rebaño, pues esto le podrá permitir lograr una tasa de reemplazo de entre el 40 y 50 por ciento por año. Lo más recomendable es que estas cerdas tengan un buen espesor de grasa corporal, pues durante el periodo de lactancia las madres utilizan su reserva de grasas para producir leche, y si estas no son suficientes pueden presentar problemas que muy probablemente afectarán el éxito en los siguientes partos.

Elementos a poner en práctica para un correcto manejo de las cerdas primerizas

-Alimentación y nutrición:

Cubrir los requerimientos nutricionales diarios en las cerdas jóvenes es uno de los factores más importantes a tomar en cuenta. En muchas granjas alimentan las cerdas primerizas con una dieta sin restricciones en el lugar de la etapa de terminación y luego son seleccionadas cuando alcanzan un peso de 100 kg, sin embargo, lo ideal es que éstas lleven una dieta más específica y diferente al resto, que sea fortalecida a partir de los 60 kilos.

Lo mejor es emplear piensos específicamente recetados para ellas, con un contenido de al menos 15 por ciento de proteína y un nivel más alto de minerales y lisina.

Los suministros de vitaminas y minerales deben ser pensados especialmente para animales de reproducción, esto ayudará a que las cerdas alcancen buenas condiciones físicas y madurez reproductiva.

Se recomienda proporcionarles selenio y vitamina E para ayudar en el incremento de la fertilidad y de la cantidad de lechones por parto.

– Alojamiento:

Es esencial que toda granja tenga dispuesto un lugar adecuado para el buen desarrollo y preparación de las cerdas primíparas. Estas deben estar en corrales donde haya un flujo de agua suficiente y un comedero acorde al número de cerdas existentes. Debe hacerse un aislamiento de las primerizas durante la etapa de aclimatación para luego someterlas a una exposición más profunda al contacto físicos con los verracos.

-Estimulación:

En las primerizas es determinante la estimulación por medio del contacto con el verraco. Este debe comenzarse desde los seis meses de vida de la hembra, no solamente para detectar el celo sino para que el proceso del ciclo reproductivo sea el idóneo. El verraco se introduce directamente en el corral donde están las cerdas primerizas para ir desarrollando el contacto físico y olfativo también.

Se recomienda que el verraco sea activo y mayor de un año de edad para una mejor estimulación. La exposición al macho se debe llevar a cabo al menos dos veces por día y debe tener una duración de entre 10 a 15 minutos. Es importante que el verraco no permanezca constantemente con las hembras, pues esta práctica puede dar pie a que las cerdas primerizas se acostumbren y no salgan en celo de la misma forma. Cuando la cerda sale en celo se aparta y se deja sin contacto con el macho hasta unos días antes del siguiente celo, cuando se vuelve a poner en contacto con este.

De esta manera es más sencillo programar la inclusión de la primeriza a los grupos semanales de cubrición. En caso las condiciones adecuadas, la hembra entra en celo cada 20 o 21 días, aunque grandes cambios o estímulos en el medio ambiente donde se encuentra pueden causar alteraciones.

Si tras un mes las cerdas no se ponen en celo o no son apareadas después de un período determinado de tiempo, probablemente seguirán con problemas en el futuro, así que deben ser descartadas.

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